
"No me siento las piernas". Lo podría haber dicho Sylvester Stallone, que ya tiene 64 años, después de acabar el rodaje de 'Los mercenarios', que se ha estrenado hoy. No soy fan de las películas de tipos duros, pero hay que reconocer que la última apuesta del padre de Rambo y Rocky, que todavía dan guerra, es un divertimento en toda regla.
Son cien minutos de acción sin límites, de fuegos artificiales, acompañados de un argumento tremendamente simplón, una banda sonora correcta y puñetazos a diestro y siniestro. La película es un festín de tiros, explosiones y persecuciones, sin apenas tregua. Todo con poca lógica, pero salpicado con algunos gags bastante buenos. Da la sensación que Stallone se ríe de si mismo, de su testosterona y de todo lo que le rodea. ¡Y parece disfrutar como un niño!
Y es que en definitiva, 'Los mercenarios' es una salvajada mayúscula, una lucha de buenos contra malos, con unos cuantos momentos gores incluídos: cuerpos mutilados, cabezas explotadas, miembros volando... ¿Qué no es capaz de hacer una metralleta que escupe 250 balas por segundo? Si en vez de Stallone la hubiera dirigido Quentin Tarantino creo que ya sería una película de culto.
STALLONE REÚNE A LOS SUYOS
Quizás lo más positivo es que Stallone ha logrado reunir, en una misma película, a varios mitos del cine de acción de las últimas decadas, como Mickey Rourke -es el que hace el mejor papel, de largo-, Dolph Lungren, el pequeño Jet Li, Jason Statham, Randy Couture y Steve Austin, entre otros. Tanto Bruce Willis como Arnold Schwarzenegger sólo aparecen en una escena y, después de verla, no tengo claro si llegaron a coincidir en el rodaje.En esta reunión de 'antiguos alumnos' -homenaje a las películas que han protagonizado todos ellos en los últimos años- sólo he echado en falta a Jean-Claude Van Damme y a Steven Seagal. El resto están casi todos. Habría sido bonito que este festival del músculo hubiera llegado a las pantallas diez años antes. ¡Pero es lo que hay! Viéndola he pasado un buen rato. Le pongo un 6.
'TOT EL QUE PODRÍEM HAVER ESTAT TU I JO SI NO FÓSSIM TU I JO'
Albert Espinosa es un tipo curioso. Me emocionó con la película 'Planta 4ª' (2003) -de la que fue coguionista- y me divirtió con 'No me pidas que te bese, porque te besaré', que dirigió en 2008. Ayer acabé de leer su primera novela, también con un título interminable: 'Tot el que podríem haver estat tu i jo si no fóssim tu i jo' ('Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo'). Está editada por Rosa dels Vents y tiene 204 páginas.Es verdad que el libro tiene algunas reflexiones interesantes, pero Espinosa no ha logrado convencerme del todo. Su protagonista, que se llama Marcos, acaba de perder a su madre. Para evitar soñar cada noche con ella, contempla la posibilidad de ponerse unas inyecciones que le permitirían no volver a dormir jamás. De hecho, el mundo ya se divide entre los entre los que duermen y los que no. Este tema, que me ha parecido muy interesante, queda diluido entre un sinfín de anécdotas, que acaban comiéndose la historia principal.
También queda en un segundo plano el curioso don de Marcos, que descubre el mejor y el peor recuerdo de las personas, con sólo mirarlas a los ojos. Un don que tendrá que utilizar para 'identificar' a un 'extraño'. Y no cuento más. 'Tot el que...' es una novela de lectura rápida, irregular y que, desde mi punto de vista, no pide demasiada implicación por parte del que lo lee. Prescindible.
A nivel de ejemplo, os dejo un par de párrafos:
"Cuántas veces sabes que después de una buena cita o de un buen encuentro, cuando te vas, al cabo de pocos minutos de separarte de la otra persona, recibirás un SMS confirmando tu percepción de aquellos momentos compartidos. A veces es más importante el mensaje que el encuentro en si mismo".
"Tardas nuchos años en hacer una almohada, centenares de sueños para darle aquella forma tan especial que lo define y que tanto te atrae y te lleva el sueño".
Buen fin de semana a todas y a todos.



































