
Oigo a Boris Yellnijok, interpretado por Larry David (‘Melinda y Melinda’, 2004), y detrás de él distingo al gran Woody Allen. Podría haberle dado vida él mismo, pero ha preferido ‘regalar’ el papel a otro. Yellnikof es un hombre mayor, amargado, hipocondríaco, peleado con el mundo y no sé cuantas cosas más. Si alguien me preguntara cómo creo que es Woody Allen diría: ¡Igual que Yellnikof!
‘Si la cosa funciona’, funciona de verdad. No es la mejor película de Allen, pero para encontrar otra superior quizás tendríamos que retroceder hasta ‘Desmontando a Harry’ (1997). Larry David, que se dirige al público del cine unas cuantas veces –esto me recordó a ‘La Rosa púrpura del Cairo’ (1985)- es un hombre, supuestamente muy inteligente, 'casi candidato al Nobel', que se cree superior al resto de los seres humanos, a los que bautiza como ‘gusanos’. Para él, la vida es una mierda.
Yellnikof mira a los demás por encima del hombro hasta que un día conoce a Melodie St. Ann Celestine. Se trata de una guapa e inculta chica del Sur que huye a Nueva York para alejarse de su familia. La interpreta la actriz y cantante Evan Rachel Wood, con un cierto parecido a Scarlett Johanson. Es tonta de remate, como diría el protagonista de la película, pero aún y así le gusta. Son el día y la noche. Y hasta aquí puedo leer.
‘Si la cosa funciona’ es una comedia de enredos, con diálogos divertidos e inteligentes, en la que también participan los amigos de Yellnikof y los padres de Melodie. Ella es Marietta, una fantástica Patricia Clarkson, que ya trabajó con Allen en 'Vicky Cristina Barcelona' (2008). La película, que dura una hora y media justita, pasa francamente bien. Los críticos de Allen dirán que es más de lo mismo, pero su ironía y su humor negro están al alcance de muy pocos directores. Muy recomendable.
'LA MEMÒRIA DE LES FORMIGUES'
También es crítica con la sociedad actual, que siempre va con prisas y tiene pocos valores, Iolanda Batallé Prats, que debuta como novelista con ‘La memòria de les formigues’ (La memoria de las hormigas’). Está publicada en catalán por Amsterdam y tiene 259 páginas. Todavía tengo que reflexionar sobre ella pero lo primero que tengo claro es que es un libro diferente. ¿También un pelín cursi? No lo sé, pero me ha hecho pensar.Su protagonista es Joana, una chica que deja la ciudad y un trabajo fijo de periodista para irse a vivir a un pueblo de mar (diría que es Palamós). Allí se dedica a limpiar la arena de la playa con un tractor, a la vez que 'limpia' su pasado. Está casada y tiene una hija. Hasta ese momento, su vida iba demasiado rápido. Me imagino que es Palamós porque a Iolanda se la ve a menudo por allí. Además, la playa de la que habla es exacta a la Platja Gran.
En el libro hay frases como ésta: “Alguien que sepa que nada no tiene sentido no interesa a la sociedad, es una persona peligrosa porque sabe que todo es una gran mentira y que todo, por lo tanto, es relativo. Las escuelas sirven para alejarnos de la gran pregunta y los trabajos, después, también”. Su gran pregunta (o preguntas) giran alrededor de la muerte y de la existencia humana. Para ella, “Los tanatorios son a la muerte lo que los happy parks a las fiestas infantiles, la opción más aburrida y fácil”.
‘La memòria de les formigues’ es una novela en la que la autora incluye cartas (las de la abuela de la protagonista, ya fallecida), alguna que otra receta de cocina, e-mails con una amiga y, sobretodo, reflexiones sobre el amor, las relaciones personales y la muerte, que tanto miedo nos da a la mayoría.
Buena semana a todas y a todos.



































