
Me desperté de lo que me pareció un sueño tan eterno como lejano. Me sentía libre, descansado, como si acabara de nacer en ese mismo momento. Me senté en la cama y me acerqué a la ventana, desde donde se veía el mar. Un mar sereno, de un color azul ciane que enamoraba. Con solo mirarlo que quedé anonadado, perdiendo la perspectiva del espacio y del tiempo. Cuando reaccioné y salí del estado de ‘felicidad total’ en el que me encontraba me acerqué a la mesita de noche para coger mi reloj de pulsera y mirar la hora. Al lado había una llave que no había visto nunca. Era una llave que parecía antigua, aunque no sé si realmente lo era.
¿Que hacía esa llave en mi mesita de noche? ¿Estaba sufriendo un repentino ataque de amnesia? ¿La había colocado alguien mientras dormía? Descarté inmediatamente mis dos suposociones y me dispuse a contestar la primera pregunta. Sabía que estaba en plenitud de conciciones mentales y físicas y que nadie la había colocado en mi casa. La idea de que un extraño hubiera violado mi intimidad me provocaba náuseas. Así que cogí la llave e intenté descubrir qué abría. Probé en puertas y ventanas, en un par de cofres que tenía olvidados en el fondo de un armario y en un sinfín de cosas más. La misteriosa llave no encontraba pareja. Estaba igual de virgen que cuando la había encontrado hacía un buen rato.
De repenté escuché un ruido y... me desperté. Todo había sido un sueño. Seguía cansado como siempre y, por supuesto, sin vistas al mar. Giré la cabeza, miré la mesita de noche y suspiré cuando vi que no había ninguna llave desconocida. La del coche, la del piso y ya está. Después de pensar un rato llegué a la conclusión de que más que un sueño lo que tuve fue una revelación. Hasta ese día había tenido la llave de mi vida y no la había aprovechado. Muchas veces había actuado por inercia, por aquello del ‘qué diran’. Seguro que habría un antes y un después de ‘ver’ aquella llave que, para mí, había sido tan real e inolvidable como el azul ciane de las aguas de Kefalonia. Era la llave de mi vida... y de nadie más.















