
Vivía en una burbuja transparen-te. Desde ella, lo veía casi todo. Desde ella, lo escuchaba casi todo. Desde ella, lo olía casi todo. Pero el duro cristal que le separaba de la realidad le impedía desarrollar sus otros dos sentidos: el gusto y el tacto. Steve se había convertido en un espectador de auténtico lujo. Desde su modesto punto de reclusión tenía su opinión sobre todo, pero nadie a quién dársela. Steve seguía enamorado de Valery, pero tampoco podía decírselo. Y eso que le amaba como a nada en el mundo. Podía oler su pelo moreno rizado, sentir su mirada, dibujar su cara con los ojos cerrados. Había soñado con recorrer todo su cuerpo mil y una noches, soñaba con regalarle una sonrisa detrás de otra... pero ya era demasiado tarde. Había desaprovechado un sinfín de oportunidades. Estaba cerca, pero demasiado lejos para él. Menudo contrasentido...
Desde su ventana particular, Steve podía ver la inmensidad del mar, escuchar el rugido de las olas, respirar ese inconfundible olor a salitre. Pero, por desgracia, ya no podía bañarse en él, ya no podía tocar la arena y hacer sagrados castillos con ella. Sólo en sueños podía verse sumergido en unas aguas de un azul ciane de inigualable belleza. Sólo en sueños podía beneficiarse de los rayos de sol en esa playa que, cuando pudo, no supo valorar en su justa medida. Tenía el paraíso justo a su lado y ni se había percatado de ello. Tarde, siempre había reaccionado tarde.
Encerrado en su burbuja particular, Steve podía ver y oír como su familia y sus amigos disfrutaban hablando. Echaba en falta una conversación interesante acompañada por una buena comida y un vino de aquellos que tanto le gustaban. Podía ver a los suyos, escucharlos, oler todos y cada uno de los deliciosos manjares que había sobre la mesa. Casi podía saborear ese Ribera del Duero que tanto apreciaba.... pero ya era demasiado tarde. Steve no podía tocar a los comensales para demostarles su cariño, no podía comunicarse con ellos, le era imposible saborear ese festival culinario. Era materialmente imposible.
Steve ya estaba muerto. En vida lo había tenido todo a su alcance, pero dejó pasar todo lo que le gustaba perdido incomprensiblemente en una mezcla de presente y futuro, en una mezcla de recuerdos y futuros planes. Y lo único que TODOS tenemos es nuestro PRESENTE. Es bueno no olvidar de dónde venimos ni a dónde vamos... pero lo realmente importante es saber en qué punto nos encontramos AHORA.
*Bien pensado quizás lo mejor es 'resucitar' a Steve. Prefiero acabar con un final feliz y decir que sólo estaba dormido. Así que, Steve, aprovecha tu segunda oportunidad. La vida es maravillosa y hay que disfrutarla al minuto.


















