Ariadna no pasa por su mejor momento personal, después de la traumática rotura con su última pareja. Su trabajo se convierte en su única razón de ser, todavía más después de la desaparición de Ricardo Solana, presidente de la Sección de Violencia sobre la Mujer de la Audiencia Provincial de Madrid. Se trata de un juez que tiene a sus espaldas un historial de sentencias polémicas en casos de agresiones sexuales. Cuando lo más fácil sería seguir la línea oficial y elogiar su figura, Montseny prefiere indagar en las sombras que ya se vislumbran al dar una primera mirada. No se trata de quién lo ha hecho desaparecer sino el por qué. La aparición de la enigmática forense Camila Giraldo puede facilitarlo todo.
"Uñas sucias", con un final espectacular, tiene 249 páginas y está publicado por Montena. Lo he leído en menos de 24 horas. Tiene un ritmo que engancha y los personajes, empezando por el de Ariadna, están muy bien trabajados. El mundo del periodismo de investigación, con las presiones que comporta, es real como la vida misma. Jefes que intentan mantener el equilibrio entre los de "arriba" -que mandan y pagan- y los redactores, dispuestos a llegar hasta el final. La acción pasa entre Barcelona y Madrid, donde Ariadna se instala para estar más cerca de todo. Cristina, hija del juez, es otro personaje femenino muy interesante. Salander ha explicado que su idea es que esta sea la primera novela de una trilogía. Vienen más curvas y emociones fuertes.
Ariadna notó un pinchazo de rabia y apretó los puños con fuerza. Por su cabeza pasaron mil respuestas que no dijo. La ansiedad se estaba transformando en agitación. En su imaginación, arrancó la cruz plateada del retrovisor y la clavó en la mano del taxista, apoyada sobre la palanca de cambios. Como en una película, la cruz iba atravesando todas las capas de su piel hasta empalarlo por completo. La sangre empezaba a brotar disparada por todas partes, impregnando los dos cristales de sus gafas y llenando el vehículo de un fuerte olor a metal. El hombre chillaba, atrapado en su propio coche, y ella le sostenía la mirada en el retrovisor. «Así que nos enfadamos por todo, ¿verdad?»".
@Jordi_Sanuy


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